Nuestro amigo Simarro
En el 2006, comentando que haríamos en vacaciones, cubata en mano, planeamos irnos juntos a hacer un viaje por Europa. ¡Quince días recorriendo Europa en coche! Pensamos que sería conveniente que viniera alguien más para compartir habitación con Adolfo y gastos comunes. Barajamos varias opciones pero casi todas tenían algún “pero”.
— ¿Por qué no se lo decimos a Simarro, que vive aquí al lado?
Manolo Simarro, Simarro para los amigos, había estado con nosotros en la oficina y se había prejubilado hacía poco tiempo. También estaba casi recién divorciado, por lo que vivía solo y seguramente no tendría otros compromisos. Era un hombre corpulento, aunque no demasiado alto, noblote, amable, que miraba de frente y no tenía doblez. Buena persona. Y no había viajado nada o casi nada en toda su vida.
Le gustaba comer y beber a discreción. No le hacía ascos a nada. En un viaje, la cuestión culinaria puede ser muy variopinta: lo mismo se cena en un sitio magnífico, con una cocina de tres estrellas y que vale un riñón como que se come uno un bocadillo de gasolinera sentado en un bordillo. Es muy importante entre compañeros de viaje que uno sepa adaptarse a las circunstancias y no suponga un esfuerzo extra de convivencia. En el tema de las comidas, eso se nota mucho y puede dar lugar a tensiones y malos rollos. Simarro demostró ser un gran compañero en todos los aspectos.
A veces teníamos que ajustar el paso a su velocidad. Se cansaba un poco… Abría y cerraba los puños, como cuando se dona sangre, porque se le hinchaban las manos. Y no pudo acompañarnos a algún sitio, como la Cueva de Hielo de Austria, por el sobresfuerzo que suponía. Tenía un problema de circulación. ¡Y cómo sudaba! Pegarse a él para hacerse una foto, era salir duchado.
A partir de ese viaje, los cuatro nos volvimos inseparables. Hacíamos excursiones o pequeños viajes los fines de semana, investigábamos nuevo sitios para comer o tomar una copa, hicimos otro gran viaje por Estambul e Italia el verano siguiente e, incluso, avanzamos que el siguiente sería un crucero.
Debía ser a mediados del verano del 2007 cuando Simarro le confesó Adolfo: “A mis 56 años me lo estoy pasando mejor que nunca”.
En octubre de 2007 se casaba uno de sus hijos. Estaba muy contento. Se había comprado un traje y unos zapatos de más de 100 euros, lo que para él debía ser un lujo sin precedentes, y se lo decía a todo el mundo. No llegó a estrenarlos.
Nos dejó el 22 de septiembre. Le falló el corazón.
Manolo, Adolfo y yo siempre le guardaremos un cariño especial y muy entrañable y le estaremos eternamente agradecidos por habernos hecho saber que hemos sido una parte muy importante en la etapa más feliz de su vida.
Muy entrañable, querida Marta!Doy fe que así fué y siempre le recordaremos con mucho cariño. Allá donde esté seguro que continuará viajando y descubriendo el Infinito!
ResponderEliminarYo también le quería mucho. Era una de esas personas que te dejan estar cerca y tienes paz Dispuesto a reír a disfrutar de la vida. Sencillo. Teníais una amistad preciosa Marta
ResponderEliminarSoy Pitu
EliminarQ bonito relato ...no os conozco y tuve la mala suerte de no llegar a conocerle, pero leo el relato y veo mucho de él en sus hijos,.muchas gracias por estas palabras que me han hecho conocerle de otro modo diferente.
ResponderEliminarPrecioso relato basado en una gran amistad,yo no tuve el placer de conocerlo pero es igual que su hijo carlos que para mi es un hijo,ojala estuviera con nosotros éste 16 de agosto se sentiria muy orgulloso de poder llevar a su hijo al altar asi en su nombre lo llevaré yo muy orgullosa alli donde estes Manolo simarro descansa y vela por tus hijos
ResponderEliminarDesde luego hoy me he limpiado bien los ojos, un precioso relato de homenaje a nuestro amigo Manolo.
ResponderEliminarMe resulta especialmente satisfactorio que le haya gustado a la familia de Manolo Simarro. Seguro que él estará presente este agosto en la boda de su hijo porque estará en los corazones de toda su familia y todos sus amigos.
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ResponderEliminarHola Marta, soy Isabel, la "ex" de Simarro como le llamabais todos. Muchas gracias por plasmar de manera tan fien, la nobleza y el buen hacer que le caracterizaba. Siempre estará en un destacado puesto en los corazones de quienes tuvimos el placer de convivir con el. Un abrazo
ResponderEliminarUn abrazo para todos vosotros también.
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